Esta melodía fue escrita para la versión de HAMLET que dirigieron el gran Tulio Cosentino (de San Cayetano) y el no menos grande Ricardo Listorti, con elenco mezclado entre actores de San Cayetano (Luis Travaglia por ejemplo) y el resto de Tres Arroyos. Se estrenó en 2001, si no recuerdo mal. En un principio yo iba a interpretar el rol de HORACIO en la obra, pero al final renuncié al personaje y me quedé con la banda sonora. Ricardo, autor de la adaptación, después reescribió el guión y terminó excluyendo a ese personaje, cosa que creo que yo ya le había sugerido, con lo cual la puesta no se hacía tan extensa. El recuerdo que tengo es que el proyecto estaba bastante atascado, en principio por las concepciones tan distintas del evento teatral que tenían Ricardo y Tulio. Ricardo era sintético y moderno. Quería una puesta despojada y con pocos elementos. Tulio en cambio, si una obra transcurría en una cocina, lo más probable es que hiciera una escenografía donde las canillas de la cocina funcionaran incluso. Y a su vez, tenía ideas disparatadas. Por ejemplo en una charla de producción, trajo la idea de que el fantasma del padre de Hamlet, el Rey de Dinamarca, fuera como un espectro tirado por alambres que lo hicieran volar por sobre las cabezas de los espectadores. Una noche me trasladé al ensayo con todo mi arsenal de teclados y sonido. Llevaba la música grabada digitalmente en un sequenzer Kawai Q-80. El clima del ensayo era bastante de desconcierto. Había como una apatía, como una tristeza y sensación de que las cosas no iban a funcionar. Especialmente había problemas con el final. Yo tenía una melodía llamada "El Resto es Silencio" que había escrito pero que no tenía utilidad en ninguna escena, así que cuando llegó el final, puse play y empezó a sonar mientras los actores y actrices terminaban su coreografía. Increíblemente...todo cobró vida! Yo se que es poco modesto lo que digo, pero no estoy faltando a la verdad. Hasta los movimientos de los intérpretes se ajustaron y todo fluyó como si yo hubiera medido con minutos y segundos la escena y hubiera compuesto esa música al milímetro. Pura casualidad y tal vez intuición. Yo había leído el final de reojo y la única idea que tenía en mente era "Mueren todos, terrible. No queda casi ninguno vivo." Así que esa idea es la de "EL RESTO ES SILENCIO" -Y CIRCO es otra de las bandas de HAMLET. La escribí pensando en la escala cromática, es decir, que la melodía pasara por todas las notas, tonos y semitonos, porque eso le daba una característica hilarante, de circo, pero medio de circo terrorífico también. Lo que más recuerdo es la parte en que entra una trompeta como borracha, hacia el final, que para mí era una especie de payaso borracho, imaginario, que entraba y amenazaba caerse todo el tiempo, hasta que lo hacía, al final de la trompeta. Son cosas que me pasaban por la cabeza mientras tocaba. Al final CIRCO no se usó tanto en HAMLET, porque había texto y se escuchaba muy de fondo, por eso la usé en la banda sonora de la película LA OTRA EVA y la voy a usar en la puesta para radio y teatro de CRÓNICAS PARA NO DORMIR (2016)
Textos-Poemas-Canciones-Un vistazo al universo literario y musical de Andrés Mazzitelli.
martes, febrero 23, 2016
Souvenir de Chine-VERSIÓN Andrés Mazzitelli
Esta canción de Jean-Michael Jarré era la última del álbum "LOS CONCIERTOS EN CHINA". Yo lo tenía en casete y era difícil escucharlo, porque era un álbum doble, por lo tanto el casete era pesadísimo. Dependiendo de las condiciones de presión atmosférica y bolsa de valores de Tokio podía llegar a funcionar bien como podía trabarse. Al final tomé coraje y lo abrí: corté loa cinta en dos e hice dos casetes. Aún los conservo. No es que Jarré me gustara tanto como Vángelis, por ejemplo, pero había un par de momentos en que me gustaba mucho y SOUVENIR DE CHINE era uno de esos momentos, así que amé por años esta melodía nostálgica de despedida. Aquí la recreé por fin usando el sintetizador KORG KROSS en un 90%, más el Sintetizador KORG WAVESTATION y el KORG X5D, en un par de pinceladas.
martes, diciembre 15, 2015
Crónicas para no dormir (Radio teatro)
A fines de septiembre empezamos a conversar con Dany Duel (humorista, dibujante, caricaturista y artísta plástico) acerca de "Crónicas para no dormir", un radio teatro de terror- humor. Aquí la entrevista que nos realizó Virginia Goycoechea para Diario La Voz Del Pueblo.
"Crónicas para no dormir" no sólo se emitirá por radio, sino que será presentado en vivo en un espectáculo integral, en su versión para escenario.

Cristina Mesa-Silvia Meleiro-Marcelo Sancineto-Jorge Ferrer- Dany Duel-Andrés Mazzitelli
"Cerramos acuerdo para que el radioteatro se emita por LU24, irá una vez por semana, una parte en vivo y una parte grabada", envió un mensaje Andrés Mazzitelli por facebook contar lo sucedido con al presentación de un ambicioso proyecto que surgió de las muchas ideas que tiene Dany Duel. Hay personas que tienen luz propia para generar proyectos, llevar adelante ideas innovadoras a veces, transgresoras otras, pero siempre con la característica del trabajo hecho con seriedad y compromiso. Así son estos dos artistas. El proyecto se llama "Crónicas para no dormir" y se inició con 3 o 4 esbozos de argumentos que Dany Duel le alcanzó a Mazzitelli, a principios de septiembre.
Mazzitelli, a partir de borradores de Dany
- Así de la mano de Dany llegaron los borradores de guiones
- Exactamente. Me encargué de reescribirlos, expandir la trama y agregar más personajes. La idea era un radioteatro de terror-humor y mantuvimos esa línea.
Fue una idea de él que me planteó y empezamos a trabajarla. Es una especie de radioteatro, de ciencia ficción, de terror y humor que son los temas que nos gustan, es menos complicado que montar una obra de teatro pero exige un trabajo en equipo que nos tiene fascinados. A mí me gusta mucho la ciencia ficción y a Dany el humor con el terror, una combinación entre disparatada y aterradora.
- Exactamente. Me encargué de reescribirlos, expandir la trama y agregar más personajes. La idea era un radioteatro de terror-humor y mantuvimos esa línea.
Fue una idea de él que me planteó y empezamos a trabajarla. Es una especie de radioteatro, de ciencia ficción, de terror y humor que son los temas que nos gustan, es menos complicado que montar una obra de teatro pero exige un trabajo en equipo que nos tiene fascinados. A mí me gusta mucho la ciencia ficción y a Dany el humor con el terror, una combinación entre disparatada y aterradora.
- Tres o cuatro guiones
- Así es. Eran guiones sintéticos, tomé uno y lo convertí en lo que es el primer episodio que se llama "La venganza del Muerto", con un montón de personajes. Cuando lo terminamos empezamos a ensayarlo con el elenco que convocamos y la verdad que nos estamos divirtiendo mucho en el camino y lleva un proceso de edición tremendo. Dentro de lo que es el género, la idea es trabajar la producción casi como si fuera una película sin imagen, con todo lo que en lo referente a edición de sonido ello implica. Así que es un trabajo complejo, pero muy estimulante.
- Así es. Eran guiones sintéticos, tomé uno y lo convertí en lo que es el primer episodio que se llama "La venganza del Muerto", con un montón de personajes. Cuando lo terminamos empezamos a ensayarlo con el elenco que convocamos y la verdad que nos estamos divirtiendo mucho en el camino y lleva un proceso de edición tremendo. Dentro de lo que es el género, la idea es trabajar la producción casi como si fuera una película sin imagen, con todo lo que en lo referente a edición de sonido ello implica. Así que es un trabajo complejo, pero muy estimulante.
![]() |
| Silvia Meleiro-Cristina Mesa-Marcelo Sancineto Andrés Mazzitelli-Dany Duel |
- Después, a la hora de armar un elenco más o menos estable, cada uno incorporó intérpretes que se sumaron al proyecto. Dany trajo a Cristina Mesa, con quien comparten grupo de teatro. Yo invité a Silvia Meleiro, excelente actriz y amiga con quien he trabajado desde hace varios años, y a Marcelo Sancineto, actor de grandes recursos que conocí cuando integrábamos el Elenco Municipal de Teatro a fines de los 80 y que no habíamos tenido oportunidad de volver a coincidir en un proyecto, pero con quien yo siempre pensaba en trabajar, porque conozco su talento y su compromiso.Y juntos con Dany pensamos que un artista multifacético como Jorge Ferrer era ideal para completar el elenco.
- La primera vez en un proyecto con Dany
- Sí pero debo decir que, aunque Dany me llevara la idea de poner un puesto de choripán le iba a decir que sí porque lo veo como un hombre muy divertido y sumamente talentoso; es además un hombre muy modesto pero que sin embargo ha triunfado en su carrera como caricaturista, considerado uno de los mejores del país.
- Sí pero debo decir que, aunque Dany me llevara la idea de poner un puesto de choripán le iba a decir que sí porque lo veo como un hombre muy divertido y sumamente talentoso; es además un hombre muy modesto pero que sin embargo ha triunfado en su carrera como caricaturista, considerado uno de los mejores del país.
Duel, un dibujo en la cabeza
- Recuperar un género que tiene tanta historia
- Nuestra intención es hacer un radioteatro, pero no esos viejos radioteatros románticos que se esperaban al mediodía o a la noche, tomar el espíritu de aquellas viejas emisiones, cambiando el género. Vamos, desde el humor negro, a homenajear aquellas "Historias para no dormir" del recordado Narcizo Ibáñez Menta; en realidad es un híbrido porque como homenajea a este grande también pretendemos hacer un recorrido por los clásicos del terror y así desfilan desde vampiros hasta hombres lobos, Drácula, Frankestein, asesinos seriales y todo aquello que el género del terror tomó en algún momento, nosotros lo vamos a desarrollar a través del humor.
- Nuestra intención es hacer un radioteatro, pero no esos viejos radioteatros románticos que se esperaban al mediodía o a la noche, tomar el espíritu de aquellas viejas emisiones, cambiando el género. Vamos, desde el humor negro, a homenajear aquellas "Historias para no dormir" del recordado Narcizo Ibáñez Menta; en realidad es un híbrido porque como homenajea a este grande también pretendemos hacer un recorrido por los clásicos del terror y así desfilan desde vampiros hasta hombres lobos, Drácula, Frankestein, asesinos seriales y todo aquello que el género del terror tomó en algún momento, nosotros lo vamos a desarrollar a través del humor.
- Lo tuyo es la imagen, ¿cómo entonces surge esto que es voz y textos?
- Es cierto soy imagen pero también soy guión y es algo que, por distintas razones en mi vida venía postergando y me pareció que éste era un momento oportuno para desarrollar algo que no está tan lejos de la imagen si pensamos que cuando uno escribe un guión de algún modo está también dibujando y hay un dibujo en la cabeza cuando uno imagina los personajes. No pretendía que la idea y el proceso fuese sólo mío, quería compartir la idea con Andrés porque lo sé muy talentoso en lo que a música respecta, pero a él también le gusta escribir y lo que hice fue llevarle algunas ideas que tenía y él les dio un pulido muy interesante, ahora también estamos trabajando desde lo actoral ya que no sólo hemos escrito el guión sino que también hacemos algunos de los personajes junto a otros actores tresarroyenses.
- Es cierto soy imagen pero también soy guión y es algo que, por distintas razones en mi vida venía postergando y me pareció que éste era un momento oportuno para desarrollar algo que no está tan lejos de la imagen si pensamos que cuando uno escribe un guión de algún modo está también dibujando y hay un dibujo en la cabeza cuando uno imagina los personajes. No pretendía que la idea y el proceso fuese sólo mío, quería compartir la idea con Andrés porque lo sé muy talentoso en lo que a música respecta, pero a él también le gusta escribir y lo que hice fue llevarle algunas ideas que tenía y él les dio un pulido muy interesante, ahora también estamos trabajando desde lo actoral ya que no sólo hemos escrito el guión sino que también hacemos algunos de los personajes junto a otros actores tresarroyenses.
- Una nueva experiencia, sin lugar a dudas
- Totalmente, de un enorme disfrute y nos divertimos mucho que no es poco y en equipo. Es inevitable que éste sea un trabajo en conjunto que es ahí donde se enriquece, porque si bien el armado es de Andrés y mío, los actores nos ayudaron a pulir el guión porque a veces tanto las ideas como los obstáculos, surgen en la práctica y ahí está el aporte. Es como un dibujo que inicié en mi cabeza pero el final se lo da otra gente y es absolutamente necesario que se dé de esta manera, me parece que es la única forma en la que esto tenga la fuerza que necesita y esto se da con la participación de todos en el guión.
- Un género muy especial donde tenían una relevancia muy importante los efectos sonoros
- Es un placer generar los efectos y sonidos, antes realizados en forma artesanal. El formato de radioteatro es algo mágico, escuché alguno cuando era chico. Ibáñez Menta es como el anclaje en nuestro país de este género, por eso el homenaje, no vamos por el camino de lo erótico sino por hasta si querés el de la ingenuidad de aquellos tiempos. Esta es una experiencia piloto que esperemos la gente escuche y disfrute cuando salga al aire.
- Totalmente, de un enorme disfrute y nos divertimos mucho que no es poco y en equipo. Es inevitable que éste sea un trabajo en conjunto que es ahí donde se enriquece, porque si bien el armado es de Andrés y mío, los actores nos ayudaron a pulir el guión porque a veces tanto las ideas como los obstáculos, surgen en la práctica y ahí está el aporte. Es como un dibujo que inicié en mi cabeza pero el final se lo da otra gente y es absolutamente necesario que se dé de esta manera, me parece que es la única forma en la que esto tenga la fuerza que necesita y esto se da con la participación de todos en el guión.
- Un género muy especial donde tenían una relevancia muy importante los efectos sonoros
- Es un placer generar los efectos y sonidos, antes realizados en forma artesanal. El formato de radioteatro es algo mágico, escuché alguno cuando era chico. Ibáñez Menta es como el anclaje en nuestro país de este género, por eso el homenaje, no vamos por el camino de lo erótico sino por hasta si querés el de la ingenuidad de aquellos tiempos. Esta es una experiencia piloto que esperemos la gente escuche y disfrute cuando salga al aire.
Adelanto del Primer Episodio de CRÓNICAS PARA NO DORMIR. Aquí el Primer Acto de "La Venganza del Muerto"
Arturo, un eminente médico científico, despierta enterrado 4 años después de su muerte. Su amada esposa Gloria, su mejor amigo Alfredo, su mentora, la Doctora Grubber y su sensacional descubrimiento se mezclan con la traición, la perfidia y la ambición. Hoy es tiempo de ajustar cuentas. Esta noche de tormenta, Arturo vuelve a su hogar-dulce-hogar...
Elenco en este episodio: Tío Bestia (Dany Duel)-Arturo Cornamenta (Marcelo Sancineto)-Moncho (Jorge Ferrer)-Paco (Andrés Mazzitelli)-Eusevio (Marcelo Sancineto)-Gloria (Cristina Mesa)-Presentador Premio (Jorge Ferrer)-Dra. Mercedes Grubber (Silvia Meleiro)-Alfredo (Jorge Ferrer)
Guión: Dany Duel-Andrés Mazzitelli
Música original: Andrés Mazzitelli
Producción y dirección general: Andrés Mazzitelli
Elenco en este episodio: Tío Bestia (Dany Duel)-Arturo Cornamenta (Marcelo Sancineto)-Moncho (Jorge Ferrer)-Paco (Andrés Mazzitelli)-Eusevio (Marcelo Sancineto)-Gloria (Cristina Mesa)-Presentador Premio (Jorge Ferrer)-Dra. Mercedes Grubber (Silvia Meleiro)-Alfredo (Jorge Ferrer)
Guión: Dany Duel-Andrés Mazzitelli
Música original: Andrés Mazzitelli
Producción y dirección general: Andrés Mazzitelli
miércoles, diciembre 02, 2015
La Bestia (2º Premio Literario Certamen La Voz Del Pueblo 2015)
LA BESTIA Andrés Mazzitelli
Campiña
francesa, 1907
-
Nunca tuve miedo de andar sola. Ni de día ni de noche.
-¿Nunca?-
preguntó Claudette -¿Ni siquiera temes a La Bestia?
Claudette pronunciaba la palabra bestia como si estuviera leyendo
un cuento para asustar niños, escudriñándome de reojo, a ver si el tono
afectado surtía efecto y yo salía corriendo de regreso al Internado.
-Ni siquiera a La Bestia - le respondí y apuré el paso por el
sendero, ayudada por el declive de la colina.
Claudette siempre estaba poniéndome a prueba con lo del miedo. Supongo
que me odiaba sólo por eso, a pesar de su belleza de princesa y su petulante
brillantez. Me odiaba porque yo nunca tenía miedo y todas en el Internado,
hasta la Madre Superiora, lo sabían en silencio. Claudette podía tratar como a cucarachas a
las demás, pero yo la perturbaba, porque tenía ese rasgo especial que ella
jamás igualaría, aunque lo intentara mil veces, impulsada por su vanidad. Pero
nunca se animó apagar los sirios de la capilla de noche, ni a recoger huevos
del gallinero, ni mucho menos ir a los tendederos a buscar algún uniforme
limpio si habías manchado el tuyo y ya había oscurecido. Yo iba al tendedero a
cualquier hora porque además, tenía mala suerte con las manchas. Esas evidentes
capitulaciones envenenaban la engreída sangre de Claudette y se le notaba hasta
en la mirada.
“Te
odio, Marie. Te odio porque eres inmune a mi belleza y mis calificaciones sobresalientes.
Te odio porque eres distinta”
Por eso cuando la Madre Superiora notó que el padre Bernard había
partido a Auvillar olvidando su portafolios con documentos, se ofreció a
acompañarme los 3 kilómetros que separaban el internado del pequeño pueblo.
Eran pasadas las 5 de la tarde y sabíamos que teníamos tiempo de sobra de
entregar el recado y volver antes del crepúsculo. Podíamos incluso correr, si a
Claudette la apretaba el pánico a la vuelta, que la iba a apretar, sin duda.
Era odiosa pero no idiota. Nadie se atrevía a caminar de noche por la campiña
de Auvillar después de los crímenes de La Bestia. Mucho menos dos
internadas de 15 años como éramos nosotras.
-Dicen que ya mató a 5...
Claudette
era incansable. Siguió parloteando, aunque yo sólo escuchaba el raro ulular del
viento por entre las ramas más altas de los árboles.
-El
Padre Bernard trajo un diario de París donde hablan de los crímenes - siguió
Claudette – Lo leí cuando la Hermana Sofie me premió con una merienda en el
comedor de Clausura. Nadie entra a Clausura, lo sabías Marie? Sólo las que
sacamos 10 en religión, que no somos muchas, en realidad, bueno...solo yo.
Estaba el diario sobre la mesa y lo miré de reojo. Decía “cuerpos mu-ti-la-dos con
algo muy fi-lo-so”. Si lo hubieras leído estarías aterrorizada...
La
miré y no dije nada, porque sentí que era gastar palabras inútilmente, palabras
que nunca me han sobrado.
El
resto del camino no hice más que preguntarme por qué nunca tuve miedo de La
Bestia. Sentía en el corazón que La Bestia no se cruzaría conmigo. Y
que si se cruzaba, de algún modo, no me haría daño.
Cuando asomamos de la arboleda se estaba formando como una bruma colina
abajo. Auvillar parecía un racimo
hirsuto de techos de tejas más pardos que rojizos. Estaba como pintado, inmóvil
y un viajero hubiera pensado incluso que se trataba de un pueblo muerto, salvo
por el humo tenue de las chimeneas.
Seguimos el Camino de la Salvación hasta la Rue Valence. Apenas si nos
hincamos y persignamos al pasar frente a la Capilla de Santa Catalina, que
tenía los pórticos cerrados con un
candado del tamaño de una Biblia.
Al entrar en la villa nos cruzamos con algún que otro aldeano, pero las
calles ya se veían vacías, aunque era temprano para la caída del sol. En la
esquina de la Rue Saint Jacques Claudette quedó previsiblemente hipnotizada por
el vestido rosa del escaparate de la única tienda de la villa. Yo seguí, crucé
la calle hacia la Iglesia de San Pedro, donde el Padre Bernard estaría con la
última misa del día y partiría de regreso a la Diócesis de Saint Étienne.
Estaba subiendo la escalinata de la iglesia cuando sonaron las campanas.
Salieron 7 u 8 viudas y un par de ancianos tan presurosos que tuve que hacerme
a un lado. La campana todavía tañía en el aire cuando ganaron la calle y se
perdieron en un santiamén. Para salir así, pensé para mis adentros, debieron
sentarse en los últimos bancos de la nave. Oyeron la misa desde el
fondo, con un cementerio de bancos vacíos entre ellos y el altar. Todo para
salir lo más rápido posible antes del crepúsculo. Algo muy extraño. Pero el
miedo provoca las reacciones más extrañas que se puedan imaginar...y algunas
inimaginables.
El padre Bernard me sonrió y se golpeó la cabeza con la palma cuando me
vio en la entrada, con su portafolios en las manos. Bajó del altar y caminó
alegremente por el pasillo central. Sus movimientos eran más joviales que lo
que podría esperarse para alguien de su aspecto. Es decir, que era más joven
por dentro que por fuera, como casi todos en el sur de Francia en esa época.
- ¡Qué cabeza la mía, olvidar mi portafolios! Sabía que vendrías tú,
Marie.
- ¿Si?- le pregunté incrédula.
- ¡Naturalmente!
¿Quién otra se atrevería?
Él también lo sabía. Me sentí más especial que nunca, aún cuando jamás
me habían premiado con una merienda en el comedor de Clausura.
- Pero, ¿cómo es que te han enviado solita?-me dijo, al tiempo que se
enfundaba en su abrigo.
- Bueno, sola no, Padre. Claudette insistió en acompañarme...
El Padre Bernard sacudió la cabeza y revoleó los ojos. Para ser que sólo
venía una vez por mes parecía estar absolutamente al tanto de todo lo que
sucedía en el Internado.
Todavía no habíamos bajado la escalinata de la iglesia, cuando
escuchamos gritos desde la esquina de la Rue Saint Jacques. El Padre Bernard
cruzó rápido la calle y yo lo seguí unos
pasos más atrás. Era la dueña de la tienda. Claudette había entrado a ver el
vestido rosa, a tocarlo con sus propios dedos quizá, a preguntar su valor, así,
por preguntar nomás, con sus mejores modos de princesa, y había escuchado sin
querer una conversación entre un vendedor y el cochero que llevaría al Padre
Bernard de regreso a Saint Étienne. La Bestia había atacado de nuevo:
había despanzurrado a un viejo vagabundo cerca del camino de Neuf. Eso estaba a
menos de 20 minutos a pie del Internado. Le había sacado los ojos a él y a su
perro, aunque el animal todavía vivía, al menos hasta que fuera sacrificado. Al
parecer, los dos hombres hablaban con gran detalle y lúgubre morbo acerca del
nuevo horroroso crimen. Hubiera sido mejor para ella ser sorda. Ahora Claudette
estaba en un rincón de la tienda. Temblaba de cuerpo entero y tenía algo
semejante a una nube oscura en la mirada. El Padre Bernard se le acercó e
intentó serenarla, pero ella no parecía escuchar nada. Asentía por momentos,
pero era clarísimo que lo que escuchaba venía a gritos desde el interior de su
propia mente. Era el alarido de su instinto de supervivencia.
En eso estábamos cuando el reloj de la tienda dio las 6 de la tarde con
un gong sombrío. Claudette dio un alarido y escapó a la calle. Salimos todos
detrás y alcanzamos a ver cómo se perdía corriendo, colina arriba hacia el
Internado, como si la persiguiera el Diablo en persona.
El Padre Bernard me tomó de los hombros.
- Está aterrada por escuchar lo que no debía. Tendrás que alcanzarla,
Marie. Mi transporte sale ya mismo y no puedo hacer más. Te quedan por lo menos
50 minutos de luz de día y el trayecto no debería llevarte más de media hora. ¿Puedes
hacerlo, Marie? ¿Confío en ti?
Asentí. Era la verdad. Por supuesto que podía. Miré a la vendedora de la
tienda. Sus manos también habían empezado a temblar. Hasta el cochero se veía
perturbado. Encendió con premura un puro y empezó a mirar con recelo por encima
de su hombro, como si quisiera largarse ya mismo de esa aldea maldita.
- ¿Marie? ¿Confío en ti, niña?- volvió a preguntarme el Padre. La mujer
se metió en la tienda, cerró con llave y bajó las cortinas.
Me acerqué al Padre, y tal vez por su extrema sensibilidad intuyó que
iba a decirle algo íntimo, algo confesional.
-Padre...-le murmuré apenas con mi aliento- ¿Padre Bernard...por qué
no le temo a La Bestia?
No sé qué esperaba que le dijera, pero definitivamente no era lo que
escuchó. Sonrió aliviado y me dio un beso en la frente. Un beso de genuino
cariño. Lluvia fresca en el desierto para una huérfana como era yo.
-
Dios te hizo así, Marie. Y sus designios son un maravilloso misterio...
Y
tenía razón, de muchas maneras sorprendentes.
Besé su mano, me dio la bendición y eché a correr tras los pasos de
Claudette, mientras chasqueaban los cerrojos de las puertas, y los postigos y
las celosías se iban cerrando a golpes a mis espaldas.
* * *
Cuando alcancé de vuelta la arboleda, la bruma había descendido más
espesa sobre la ladera. Era una nube baja, pesada y húmeda que hizo desaparecer
el cielo y volvió todo blanco grisáceo, como si el bosque mismo estuviera
flotando dentro de la nube.
¿Qué camino habría tomado yo, de estar en los zapatos de Claudette? El
Camino de la Salvación parecía el más indicado para alguien con miedo, porque
había 3 o 4 metros de terreno abierto desde el sendero hasta los pinos
silvestres y abetos. Cualquier ataque tendría que venir de los árboles y esa
distancia daría unos segundos de ventaja para escapar. Siempre y cuando La
Bestia fuera algo que pareciera amenazante. ¿Y si era invisible? ¿Y si no
se podía distinguir como una bestia asesina? Aún dentro de los zapatos de
Claudette sentí su corazón latiendo como a puñetazos y supe que habría dejado
el Camino de la Salvación justo aquí, para tomar el atajo a través de los
árboles, en línea recta hasta el Internado. El camino más corto...aunque más
peligroso. Ya no estaba pensando, sino que el miedo estaba pensando por ella.
Más
adelante tropecé con el rosario de Claudette. Estaba cortado. Seguro habría apretado
tanto la pequeña cruz en su puño que el mismo movimiento de la carrera habría
hecho que se cortara. Eso suponiendo lo mejor, claro.
Caminé una decena de metros más y me detuve. Las sombras ya se
descolgaban. Cerré los ojos y escuché el sonido del viento entre las ramas, el
crepitar de los troncos al mecerse. Extendí los brazos, como si acaso hubiera
forma de abrazar ese instante. Era hermoso.
De pronto, escuché el más leve de los sollozos. Abrí los ojos y avancé
un poco. El uniforme del internado era gris oscuro, así que no se distinguía
mucho del color que el bosque iba adquiriendo, pero igual pude distinguir a
Claudette: estaba subida a la horqueta gruesa de un abeto, a metro y medio de
suelo, apretando sus piernas con sus manos como si quisiera volver a ser un
feto, como si deseara ser pequeña, insignificante, invisible a todo. Seguía
temblando y no le quedaban lágrimas, así que lo suyo era un sollozo seco, los
dedos lastimados por la desesperación con que arañaron la corteza áspera
al trepar al árbol.
Era un pésimo escondite, claro. Si La Bestia hubiera sido un puma
ya estaría muerta. Yo me habría cubierto con hojas secas y cáscaras de corteza
en alguna depresión del terreno. Me hubiera quedado muy quieta y aun así
hubiera estado expuesta al olfato de La Bestia, si es que lo usaba. Eso
hubiera hecho, siempre y cuando hubiera sentido miedo.
Claudette me descubrió y su mirada
aterrada se transformó como si hubiera visto un ángel. Saltó del árbol repitiendo
mi nombre mil veces y se abrazó a mis piernas. Balbuceó que la perdonara por
odiarme, que ella sólo quería ser la mejor, que quería ser mi nueva mejor amiga
para siempre, pero que no la dejara allí sola, que por Dios y todos los Santos
del Cielo, no la fuera a abandonar allí.
-
No llores Claudette - le dije, o tal vez sólo lo pensé, y pasé mi mano por su
cabello de princesa. No tendrás miedo nunca más. Ahora lo veo claro. Ahora entiendo
porqué jamás temí a La Bestia,
y entiendo con cristalina clarividencia a Dios y sus misteriosos
designios. Ya volverá después a mi mente la piadosa niebla del olvido, como la
bruma de este bosque, y no sabré ni cómo mi ropa quedó manchada de rojo. (Siempre
tuve mala suerte con las manchas...) Pero habrá ropa limpia para mí. Nadie se
acerca a los tendederos después de caer el sol. Y otro uniforme se perderá sin
explicación mientras el sucio se pudre oculto, cubierto con hojas secas y
cáscaras de corteza.
Ahora entiendo bien por qué tengo las tijeras más afiladas del cuarto de
zurcidos en el bolsillo y mis dedos acariciándola desde que salimos del
Internado.
Ya
estás mejor, ¿verdad Claudette? Ya estás purificada más allá de todo miedo. Ya
puedes quedarte ahí y yo seguir mi camino. Mañana vendrán por ti. No saldrán a
buscarte hasta bien entrado el día, pues nadie se atreverá, ni siquiera los más
rudos hombres armados.
Todos
tendrán miedo, excepto yo. De nuevo sin saber por qué. Sin siquiera suponer, que
si una bestia anda suelta y tú vas por ahí sin sentir ningún miedo, ¡cuidado!
Puede que La Bestia seas tú...
Este relato obtuvo el 2º Premio del Certámen Literario La Voz del Pueblo 2015
| Jurado del Certamen y Amanda Mazzitelli |
sábado, abril 11, 2015
Memoria,recuerdos,sintetizadores y lágrimas en la lluvia
Yo hice micrófonos con audífonos viejos. Y efectos de sonido con eso: ajustaba el audífono a una vieja quena de madera y hablaba por el otro extremo: sonaba como el piloto de un avión en vuelo. Así recreaba el diálogo del misterioso Vuelo 19 con la torre antes de perderse en el Triángulo de las Bermudas.
Con un aspersor de jardín de plástico podía grabar un sonido de viento bastante decente soplándolo cerca del micrófono.
Pink Floyd me despertó una obsesión por las cámaras de eco, así que de alguna manera empecé a preguntarme cómo funcionaban. Destripé un noble grabador National y reemplazando el cabezal de borrado por otro cabezal, tuve por fin una cámara de eco. Funcionaba lo que duraba la cinta del casete y no se podía regular la cantidad de eco (porque la distancia entre los cabezales era fija, pero para mí fue todo un éxito.
Años antes estaba fascinado por la óptica y fabriqué varios telescopios de cartulina. Uno de ellos, combinando un gran lente viejo de mi abuelo Ramón con uno de un microscopio de juguete, funcionó bien. Pero al cabo me costó la vista porque no solamente intentaba mirar la luna y las estrellas sino también...el sol (Cuando decía "estrellas" me refería a todas...).
Yo se que sonará estúpido y lo pensé bastante antes de confesarlo, pero ayudará a formar una idea de qué clase de niño era si dijera que a los 11 años daba vueltas a la manzana tan rápido como mi bicicleta Aurorita me lo permitía con un reloj despertador en el bolsillo, dejando otro pequeño escondido en un cantero de la vereda...para ver si lo de la Relatividad era cierto y mi reloj al cabo de una vueltas atrasaba.
A los 8 años vi una publicidad de una proyectora infantil llamada Cinegraf y quedé deslumbrado. Naturalmente, no pedí que me la compraran. En cambio, empecé a averiguar cómo funcionaba. Cuando alguien por fin se dignó a conectarme un portalámparas, construí un proyector de diapositivas con una lata de masitas Canale y una lupa. Las diapositivas eran tiras de papel plano dibujadas con plumín y tinta china. Ahí me gané el único "Distinguido" de toda mi historia escolar.
Que se rompiera un espejo era para mí no una desgracia sino una posibilidad de experimentar: periscopios con mira telescópica hecha con dos hilos negros de coser cruzados, para mirar por sobre el paredón del vecino, caleidoscopios con botones y piedritas de colores,
Hacía tiempo que me había cansado ya de mezclar detergente con lavandina para ver la calurosa reacción química. Además...me hacía toser.
En sonido, aprendí síntesis a los ponchazos, en un Yamaha PSS 680 que había costado una fortuna y era poco más que un juguete, pero tenía un sintetizador con 5 memorias y una batería programable que lo volvían un pequeño demonio embrujado. De ese bichito eran los sonidos extraños de mi primera canción con sintetizador: "Al Sur". Todavía algunos la recuerdan.
Al volver de la Colimba en el Sur- Regimiento de Infantería 25 de Sarmiento, Chubut- entré como músico al Elenco Estable Municipal de Teatro, para componer y grabar la música de varias comedias musicales. Con la excusa de producir la música de "La Vuelta Manzana" de Hugo Midón me llevé a mi casa prestado al mastodonte: un soberbio grabador de cinta abierta Teac de 4 canales que la Municipalidad tenía medio olvidado en la cabina de luces del teatro de la Escuela N°1. En realidad moría por experimentar la grabación en pistas múltiples, porque tener una portaestudio Fostex era impensable para mí en esa época. Tuve el grabador todo lo que pude, meses tal vez. Creo que mis uñas quedaron marcadas en sus laterales de madera cuando tuve que devolverlo. Grabé de todo con el Teac, las bandas sonoras y todo tipo de experimentos. Todavía guardo cajas con esas cintas. Una canción llamada "Tres Arroyos a las 4 de la mañana" está en 4 canales en una de ellas. Una copia de la canción era radiada por FM todas las noches antes de cortar la transmisión. Una vez descubrí que si se grababa la voz por un cabezal y se reproducía por el segundo, si se conectaba un auricular al segundo cabezal la voz se escuchaba con unas centésimas de segundo de atraso, lo que hacía que quien hablara así, sonara como borracho o como un lelo, al no coincidir lo que escuchaban sus oídos con lo que emitía su garganta. Era muy cómico.
Puse la tarjeta Visa color naranja-magma incandescente y me traje el Korg M1 de Buenos Aires con una excitación sólo comparable con la culpa horrorosa por el gasto hecho. Era lógico, entiéndanme: fui hijo del medio. Desde siempre aprendí a no pedir nada. Por ejemplo, soñaba desde 6° grado con ser escritor y tenía una docena de cuadernos escritos a lápiz llenos de relatos y hasta parte de una especie de novela-catástrofe. La máquina de escribir era como decir "soy escritor" pero nunca la pedí más que tímidamente. Pensé que iba a llegar por decantación natural. Por sentido común que le dicen.
Por eso después cuando pude comprar algo importante, me perseguía la sensación de que no lo merecía. Hasta el día de hoy tengo que luchar con eso. Pero no me quejo: otros tienen que luchar con cosas mucho peores de su infancia.
Aprendí a programar el M1 solito. Era una nave espacial y no había otro en 200 km a la redonda. Terminé haciendo magia con él. Después vino el módulo SW , el Sequenzer Q80, el X5D y una docena de máquinas que mis amigos me traían cuando se las compraban y no sabían después dónde estaba el botón de encendido. Tocaban el timpre y las ponían sobre mi mesa. Y yo siempre decía lo mismo: "Muy dificil no puede ser". E intentaba resolver el problema. No siempre lo lograba, pero siempre lograba algo. No fue hasta tiempo más tarde que me dí cuenta de que era bueno para desatar nudos. Quiero decir, cualquier tipo de nudo.
Ahora tengo el Korg Kross que compré por placer casi sin culpa hace un par de meses y algo me sucede: no consigo amoldarme a su modernidad. Ya estoy grande, por no decir viejo. Tomo la guitarra y me voy abajo del nogal. Anahí por ahí se aparece con un mate o mi café infaltable. Rasqueo, canturreo, intento exprimir de esas cuerdas alguna canción nueva, mientras no se corte ninguna, todo está como debe estar: mínimo esfuerzo, máximo disfrute. El solo pensar en zambullirme de nuevo en un turbio océano de menús, vectores, envolventes, osciladores, quantizadores me llena de desánimo, me quita todas las ganas de montar y domar el nuevo bicho.
A medida que el Mundo se vuelve más y más pixelado y digital, yo me vuelvo más y más analógico. Estoy más cerca de volver a la cartulina y la cinta de pegar que de trepar otro escalón en esta dudosa escalera de fibra óptica.
No se si todos estos recuerdos se desvanecerán como lágrimas en la lluvia, tal como dicen las líneas finales del guión de Blade Runner, pero a veces uno no se da cuenta de lo largo que ha sido el camino, y de quién era cuando comenzó a recorrerlo.
Andrés Mazzitelli, , 11 de Abril de 2015
Con un aspersor de jardín de plástico podía grabar un sonido de viento bastante decente soplándolo cerca del micrófono.
Pink Floyd me despertó una obsesión por las cámaras de eco, así que de alguna manera empecé a preguntarme cómo funcionaban. Destripé un noble grabador National y reemplazando el cabezal de borrado por otro cabezal, tuve por fin una cámara de eco. Funcionaba lo que duraba la cinta del casete y no se podía regular la cantidad de eco (porque la distancia entre los cabezales era fija, pero para mí fue todo un éxito.
Años antes estaba fascinado por la óptica y fabriqué varios telescopios de cartulina. Uno de ellos, combinando un gran lente viejo de mi abuelo Ramón con uno de un microscopio de juguete, funcionó bien. Pero al cabo me costó la vista porque no solamente intentaba mirar la luna y las estrellas sino también...el sol (Cuando decía "estrellas" me refería a todas...).
Yo se que sonará estúpido y lo pensé bastante antes de confesarlo, pero ayudará a formar una idea de qué clase de niño era si dijera que a los 11 años daba vueltas a la manzana tan rápido como mi bicicleta Aurorita me lo permitía con un reloj despertador en el bolsillo, dejando otro pequeño escondido en un cantero de la vereda...para ver si lo de la Relatividad era cierto y mi reloj al cabo de una vueltas atrasaba.
A los 8 años vi una publicidad de una proyectora infantil llamada Cinegraf y quedé deslumbrado. Naturalmente, no pedí que me la compraran. En cambio, empecé a averiguar cómo funcionaba. Cuando alguien por fin se dignó a conectarme un portalámparas, construí un proyector de diapositivas con una lata de masitas Canale y una lupa. Las diapositivas eran tiras de papel plano dibujadas con plumín y tinta china. Ahí me gané el único "Distinguido" de toda mi historia escolar.
Que se rompiera un espejo era para mí no una desgracia sino una posibilidad de experimentar: periscopios con mira telescópica hecha con dos hilos negros de coser cruzados, para mirar por sobre el paredón del vecino, caleidoscopios con botones y piedritas de colores,
Hacía tiempo que me había cansado ya de mezclar detergente con lavandina para ver la calurosa reacción química. Además...me hacía toser.
En sonido, aprendí síntesis a los ponchazos, en un Yamaha PSS 680 que había costado una fortuna y era poco más que un juguete, pero tenía un sintetizador con 5 memorias y una batería programable que lo volvían un pequeño demonio embrujado. De ese bichito eran los sonidos extraños de mi primera canción con sintetizador: "Al Sur". Todavía algunos la recuerdan.
Al volver de la Colimba en el Sur- Regimiento de Infantería 25 de Sarmiento, Chubut- entré como músico al Elenco Estable Municipal de Teatro, para componer y grabar la música de varias comedias musicales. Con la excusa de producir la música de "La Vuelta Manzana" de Hugo Midón me llevé a mi casa prestado al mastodonte: un soberbio grabador de cinta abierta Teac de 4 canales que la Municipalidad tenía medio olvidado en la cabina de luces del teatro de la Escuela N°1. En realidad moría por experimentar la grabación en pistas múltiples, porque tener una portaestudio Fostex era impensable para mí en esa época. Tuve el grabador todo lo que pude, meses tal vez. Creo que mis uñas quedaron marcadas en sus laterales de madera cuando tuve que devolverlo. Grabé de todo con el Teac, las bandas sonoras y todo tipo de experimentos. Todavía guardo cajas con esas cintas. Una canción llamada "Tres Arroyos a las 4 de la mañana" está en 4 canales en una de ellas. Una copia de la canción era radiada por FM todas las noches antes de cortar la transmisión. Una vez descubrí que si se grababa la voz por un cabezal y se reproducía por el segundo, si se conectaba un auricular al segundo cabezal la voz se escuchaba con unas centésimas de segundo de atraso, lo que hacía que quien hablara así, sonara como borracho o como un lelo, al no coincidir lo que escuchaban sus oídos con lo que emitía su garganta. Era muy cómico.
Puse la tarjeta Visa color naranja-magma incandescente y me traje el Korg M1 de Buenos Aires con una excitación sólo comparable con la culpa horrorosa por el gasto hecho. Era lógico, entiéndanme: fui hijo del medio. Desde siempre aprendí a no pedir nada. Por ejemplo, soñaba desde 6° grado con ser escritor y tenía una docena de cuadernos escritos a lápiz llenos de relatos y hasta parte de una especie de novela-catástrofe. La máquina de escribir era como decir "soy escritor" pero nunca la pedí más que tímidamente. Pensé que iba a llegar por decantación natural. Por sentido común que le dicen.
Por eso después cuando pude comprar algo importante, me perseguía la sensación de que no lo merecía. Hasta el día de hoy tengo que luchar con eso. Pero no me quejo: otros tienen que luchar con cosas mucho peores de su infancia.
Aprendí a programar el M1 solito. Era una nave espacial y no había otro en 200 km a la redonda. Terminé haciendo magia con él. Después vino el módulo SW , el Sequenzer Q80, el X5D y una docena de máquinas que mis amigos me traían cuando se las compraban y no sabían después dónde estaba el botón de encendido. Tocaban el timpre y las ponían sobre mi mesa. Y yo siempre decía lo mismo: "Muy dificil no puede ser". E intentaba resolver el problema. No siempre lo lograba, pero siempre lograba algo. No fue hasta tiempo más tarde que me dí cuenta de que era bueno para desatar nudos. Quiero decir, cualquier tipo de nudo.
Ahora tengo el Korg Kross que compré por placer casi sin culpa hace un par de meses y algo me sucede: no consigo amoldarme a su modernidad. Ya estoy grande, por no decir viejo. Tomo la guitarra y me voy abajo del nogal. Anahí por ahí se aparece con un mate o mi café infaltable. Rasqueo, canturreo, intento exprimir de esas cuerdas alguna canción nueva, mientras no se corte ninguna, todo está como debe estar: mínimo esfuerzo, máximo disfrute. El solo pensar en zambullirme de nuevo en un turbio océano de menús, vectores, envolventes, osciladores, quantizadores me llena de desánimo, me quita todas las ganas de montar y domar el nuevo bicho.
A medida que el Mundo se vuelve más y más pixelado y digital, yo me vuelvo más y más analógico. Estoy más cerca de volver a la cartulina y la cinta de pegar que de trepar otro escalón en esta dudosa escalera de fibra óptica.
No se si todos estos recuerdos se desvanecerán como lágrimas en la lluvia, tal como dicen las líneas finales del guión de Blade Runner, pero a veces uno no se da cuenta de lo largo que ha sido el camino, y de quién era cuando comenzó a recorrerlo.
Andrés Mazzitelli, , 11 de Abril de 2015
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