martes, marzo 21, 2006

Tema de Tres Arroyos -Canción-




Sos como una mujer
que se ama más si está lejos.
Tu corazón de pueblo
tiene humos de ciudad.
Y entre remisses,
cicatrices
de los hijos que se van
buscando duro
un futuro.
Qué no darías por que lo encuentren acá...

Sos un Enero quieto
y un Marzo de muchedumbre a mil.
Y dicen que en vos nada cambia jamás,
pero has cambiado
de lado a lado.
Te queda chico el boulevard.
Y esparces gente
de repente
donde hasta ayer vestías solo un pastizal.

Algo debes tener
que te aman los que no son de acá.
Será que estas casi al margen del terror,
de un mundo extraño
de muerte y engaño
que del todo aun no te rozó.
Aunque en tu memoria
duela la historia
de la niña que a su casa no volvió...

Para poderte amar
no me hizo falta dejarte.
Ayer salí a caminarte una vez mas
y vi mil bancos
y mil muros blancos,
y...ya no se hacia adonde irás.
Pero es tan mía
tu poesía
que no quiero ninguna mas.
No hay mas escollos
Tres Arroyos
para que te sienta siempre mi lugar
.

Letra y música: Andrés Mazzitelli- Escrito el 21/4/98
e interpretado por primera vez en público en el acto
del Aniversario de la Fundación de la Ciudad de Tres Arroyos,
en el hall central del palacio municipal, el 24/4/98.



jueves, marzo 16, 2006

EL ORGASMO PERPETUO -Cuento-


"EL ORGASMO PERPETUO"
Por Andrés Mazzitelli

Sabía que habría problemas. Se dirigieron a mi por correo certificado. Abrochado al pié de la escueta nota había un cheque a mi nombre por 1500 dólares. Recordé en el acto las palabras del sub-inspector Carranza, mi contacto de muchos años en el Departamento Central de Policía:
“Dólares y dolores son palabras muy semejantes..."
De todos modos, enfundé la bandera de mi orgullo profesional, principalmente porque ese era el monto casi exacto de lo que adeudaba de renta por la oficina infecta donde trabajo y vivo.
Acudí a la cita con mi mejor traje. La residencia Von Gallager parecía un vestigio del pasado olvidado en medio de la ciudad. La señora Von Gallager, desde su silla de ruedas autopropulsada no habló en casi toda la entrevista. Sus hijos varones, Wilfredo y Leonardo, observaban desde lejos. Uno de pié cerca del ventanal. El otro, hundido en un sillón, haciéndole el amor con el índice a un vaso de gin—tonic. Doris, en cambio, que parecía ser la hermana mayor, manejó la charla a su antojo, interrumpiendo el relato del ahogado Astrup diciéndole “Cállese imbecil” varias veces. El abogado no dejó de mirarme con esos ojos acuosos, sin que un solo músculo del rostro se le tensara. Y yo volví a evocar palabras del sub- inspector Carranza:
“Hace falta una vida para llegar a conocer a algunas personas, pero a veces un minuto basta y sobra para conocer otras.”
El caso era simple: Don Ernesto Von Gallager había desaparecido y existía gran apremio por saber de su suerte, pos cuestiones obviamente pecuniarias. Le dejé la cara al abogado Astrup y me fui en cavilaciones, preguntándome, como es natural, cuál de estos canallas lo habría asesinado.


—Yo sé que mi marido está con vida!—balbuceó la señora Gallager en un repentino arranque de histeria que la arrebató de su mutismo. Por poco se hacha sobre mí. La contuve y la devolví a su silla, después de olerla de cerca y pensar: “Johnny Walker. Litros de Johnny Walker” El estudio de don Ernesto era un lugar asombroso. Von Gallager era un erudito en medicina del sistema nervioso , psiquiatría y psicología evolutiva. Cuadros con títulos y pergaminos laminaban del piso al techo las paredes. Poseía además una insólita biblioteca sobre meditación trascendental, cultura hindú, china y tibetana y algunos volúmenes de aspecto antiquísimo de ritos esotéricos medievales. Habría perdido años hurgando entre las notas del Doctor, pero recordé otra frase: “Lo importante está entre lo que se pretende destruir...” -también fruto del intelecto suburbano del sub-inspector Carranza. En la chimenea del estudio encontré cenizas por demás interesantes. Por ejemplo, un sobre semi consumido por el fuego con el membrete “Radisson Montevideo Victoria Plaza Hotel- Plaza Independencia 759-Montevideo”. Entre los restos de un anotador carbonizado, una línea manuscrita se dejaba leer todavía, una línea que resonaría mil veces en mi mente aún mientras volaba sobre el Río rumbo a Uruguay:
“...este parece ser el único camino neurológicamente seguro hacia el orgasmo perpetuo...”

Antes de llegar al hotel ya sabía bastante sobre “el orgasmo perpetuo”, porque llevaba conmigo cerca de cinco kilos de apuntes del doctor Von Gallager.

“Le ruta farmacológica hacia el orgasmo perpetuo un callejón sin salida. Un camino incluso torpe y potencialmente peligroso para la salud mental del individuo. En cambio, la bibliografía espiritualista abunda en referencias, de un modo críptico, por cierto, pero bastante claro. El libro “Mantra Kármico”, trascripto de papiros cuya antigüedad ni siquiera se conoce, reza que fue necesario que una pizca de la magia divina coronase el instante copulativo para así asegurar la continuidad de la especie...”

No entendía una palabra. Cómo alguien con los galones académicos de Von Gallager podía pensar que Dios, de existir, estaba en un espasmo sexual constante? Acaso pretendía aventurarse el mismo en ese in conjeturable estado? La idea me inquietó bastante, lo admito, y recordé las palabras del sub-inspector Carranza: “Los accidentes ocurren siempre en el último momento”- perro no sé bien porque se dibujó ese pensamiento en mi mente. El Radisson Montevideo Victoria Plaza Hotel era uno de los más tradicionales y, por cierto, lujosos hoteles de Montevideo. Alguien con la descripción del Doctor se había alojado durante diez días bajo el nombre de Arturo Dela fuente. Un chofer del hotel confirmó haberlo llevado al aeropuerto. El horario coincidía con dos vuelos: uno a Buenos Aires y el otro a Santa Fe de Bogotá. Sabia que Von Gallager no tonaría el primero. Lo sabía porque yo, en su lugar, no lo haría, con semejante cuadro familiar. Llamé al abogado Astrup y sin darle ningún detalle, le solicité más dinero. Cuando la transferencia llegó, tomé el primer vuelo a Colombia. Los apuntes del Doctor seguían perturbándome:
"En condiciones normales de temperatura y presión arterial, el estado orgásmico dure apenas un par de segundos. Lo que parece prolongarlo, según el estudio electroencefalográfico, no es más que un eco, un reflejo meramente muscular...”

Me seguían perturbando porque recordé que mi primera esposa solía bromear sobre mi dialéctica involuntaria en los momentos culminantes del coito. Ella afirmaba que de mi boca salían jubilosas exclamaciones invocando a Dios, a la virgen y a todos los santos del cielo. Nunca he sido religioso, así que jamás entendí el porqué de este acto reflejo, ni puedo dar del todo por cierto lo de mi ex mujer, dado que siempre he vivido ese instante en un estado de trance en el que ni se lo que digo ni lo que hago. Como quiera que sea, los apuntes de Don Ernesto comenzaron a infundirme una extraña sensación de temor sobrenatural.

“...Sin embargo, en estado de meditación profunda, las lecturas son radicalmente distintas. Ya no tengo dudas que el estado orgásmico está misteriosamente ligado al concepto divino, cualquiera sea el nombre que se le asigne a esa entidad, ya sea Dios, Alá, Jehová, o como las culturas precolombinas, Pachamama, Madre Tierra, Madre Naturaleza. Siento que estoy muy cerca del gran descubrimiento!...”

Fue relativamente sencillo rastrear al Doctor en Bogotá: se había hospedado en el hotel mas tradicional y lujoso de la ciudad. Por desgracia ya no estaba allí. Uno de los mozos del lobby bar lo identificó en una fotografía, una instantánea que yo había escamoteado de su estudio, donde se lo veía posando rodeado de otros facultativos en un escenario enmarcado con la leyenda “Boston, Neurology Seminary, 1983”. Era una toma un poco antigua, blanco y negro, probablemente copiada de alguna revista de divulgación médica y ampliada, poro al fin el mozo colombiano no tuvo dudas, excepto que - advirtió- “ ...tiene el cabello más largo y además, lo acompaña su hija”.
- Su hija?- le pregunté- Usted quiere decir una niña?
- Si...- afirmó el moreno un tanto entrado en canas- Una niña como de 17 años...
Llamé al abobado de nuevo. Sentí un cierto placer al mentirle. Le dije que me hallaba en Buenos Aires, que el doctor Ernesto Von Gallager estaba efectivamente muerto y que arreglar todo el papeleo para la confirmación definitiva le costaría cien mil grandes. Para mi asombro, los depositaron en mi cuenta y gracias al milagro de la fibra óptica y los satélites, pude disponer del dinero al día siguiente.. El Doctor había alquilado una avioneta con destino a Tarapacá, en el sureño estado colombiano de Amazonas, en un singular corredor selvático donde convergen en pocas leguas las fronteras de Perú, Brasil y Colombia. Hasta allí me llevó el mismo piloto que una semana antes había trasladado al Doctor y a su supuesta hija. Dada la volátil y potencialmente peligrosísima situación de guerrilla en la zona, contraté una guía en el hotel, una bella peruana llamada Concepción.

“La civilización ha alejado paulatinamente al Hombre de Dios. Los estados más primitivos conservan a su vez un primitivismo espiritual. Ese tiene que ser el camino hacia la perpetuidad orgásmica: abandonarse a los sentidos, en vez de pensar e intelectualizar. Quizá como los chamanes, o como los antiguos brujos y sabios de las tribus aborígenes. Abandonarse a los instintos, lo que por supuesto, es una condenada blasfemia en el mundo moderno...”

Tarapacá era un lugar bastante pequeño. Poco más que una aldea de quizá 1500 almas enclavada en medio de la selva, a orillas del río Putumayo, afluente del mismísimo río Amazonas. (Como se puede apreciar, Concepción era una guía excelente)
Nos adentramos en camioneta por un sendero, una distancia que ni siquiera podría estimar, y luego tuvimos que continuar a pie no menos de una docena de kilómetros, hasta donde la espesura se tornaba impenetrable y el río se angostaba en medio del ensordecedor trinar de los pájaros. Teníamos compañía: la zona estaba controlada por un grupo narco cuyo jefe había sido esposo de Concepción. Esto me puso francamente nervioso, pero ella me confesó que habían roto porque el sujeto se había vuelto gay. Dado lo comprometido de semejante secreto en un ambiente tan hostil, Concepción, merced a su discreción, gozaba de total protección por parte de su ex, de manera que solo nos preocupábamos por los sangrientos insectos.
No podía dejar de pensar en todos los años de la vida de Von Gallager hasta hoy. En el grueso de los muros de su victoriana residencia. En el alcohólico aliento de su esposa. En el pérfido rostro de su hijos. Recordé otra vez palabras del sub- inspector Carranza: “Se puede ir a la guerra con una armadura de papel...pero, ni se te ocurra pelear...”
Un campesino nos condujo hasta las orillas del río. Todavía estaban allí las ropas del Doctor y de su “hija”. Habían abordado completamente desnudos una canoa de nativos Togusi, una de las pocas últimas tribus que sobreviven ocultas en el Amazonas; el Doctor, la joven y tres bellas nativas, y se habían perdido río abajo, quizá para siempre, dejando atrás todo: desde un cuaderno con notas hasta un sobre de plástico con tarjetas de crédito, pasaporte y 35.000 dólares en efectivo. Había además restos de bejucos, Banisteriopsis caapi o Banisteriopsis inebrians, según los apuntes del intrépido Doctor, pedazos trozados y machacados de sus cortezas, y olvidados envoltorios de arpillera con hojas trituradas de chacruna y otras hierbas. Todo indicaba que antes de emprender el definitivo viaje, habían preparado y bebido el legendario brebaje ceremonial de los pueblos ancestrales: la ayahuasca , y se habrían entregado entonces a sus supuestos e inimaginables mágicos poderes.
Bajo el sol abrasador, ese día y muchos meses después, seguía pensando en el Doctor Ernesto Von Gallager, en su peculiar derrotero, y en ese fervor heroico por entregarse de cuerpo entero en haras de la ciencia. Supe que su búsqueda del orgasmo perpetuo era de algún modo un viaje hacia adentro, un viaje interior, y también el eco del viaje íntimo personal de cada uno hacia el interior de su propia existencia.
En cuanto a mí, no puedo decir demasiado, excepto tal vez una frase que acude ahora a mi memoria:
“Quien no encuentra, debe abandonar la búsqueda. Pues quien no busca ...es hallado.”
No. No lo dijo el sub- inspector Carranza. Lo dijo Concepción, mientras elegíamos el mobiliario para nuestra nueva casa en Lima.
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Andrés Mazzitelli

martes, marzo 14, 2006

LA ÚLTIMA CANCIÓN- Andrés Mazzitelli


("La última canción" ganó el primer premio del Certamen de Cuento Corto Diario 
"La Voz Del Pueblo"Biblioteca Pública Domingo Faustino Sarmiento- 1997)


LA ÚLTIMA CANCIÓN
(Andrés Mazzitelli)

Sucedió algunas años después de la extinción del líquido corrector. Los defensores del entorno ecológico se estaban tomando un respiro: el consumo de papel había descendido casi a la mitad, toda vez que los libros se habían convertido en bites fulgurando de un lado a otro del planeta a través de una maraña de túneles de fibra óptica. 
Por entonces, el consorcio japonés SUSHUBA anunció, con la característica sobriedad nipona, la puesta en marcha de su último juguete: la TRILLON JAL 900, una sofisticada calculadora capaz de funcionar también corno archivo. El corazón del sistema era el chip B-28, un circuito integrado en forma de oblea dc 30 centímetros de lado, enfriado en una cuba de nitrógeno líquido a decenas de grados bajo cero. 
La máquina estaba vendida de antemano. Fue instalada en París, en el Museo Universal de la Música. Para la ocasión, Jean Michel Jarre, el casi octogenario tecladista electrónico, volvió a aparecer en público después de muchos años, para brindar el que seria el ultimo concierte de su vida. Se esperaba que la TRILLON se convirtiera en el depósito mas completo del mundo musical. Desde lo sucedido con la biblioteca de Alejandría, cuando un incendio provocó la pérdida irremediable de mas de medio millón de volúmenes, la idea de concebir un medio seguro para almacenar información se convirtió en una obsesión. La máquina se encargaría de reunir eventos musicales de todas las épocas y culturas. 
Y así fue: comenzó por leer partituras a un ritmo de 70 páginas por minuto. Conectada a las principales cadenas de radio y televisión, 300 emisoras de todo el planeta iban a parar al helado corazón del sistema. A medida que la trillón reconocía las melodías, las catalogaba por autor, título y fecha. El trabajo fue sencillo, teniendo en cuenta que los registros de propiedad intelectual de los principales países estaban conectados a la red mundial. El directorio del museo no salía de su asombro al contemplar cómo esta exquisita máquina registraba poco a poco el patrimonio musical de toda la humanidad. Todos los géneros fueron siendo absorbidos a lo largo de dos años de acopio incesante. 
Fue cuando el científico y saxofonista aficionado Thomas Edington, publicó en el semanario de Cambridge un artículo que causó primero curiosidad, y luego conmoción en el mundo entero. la TRILLION podía, de contar con el entorno de memoria apropiado, calcular todas las posibles combinaciones en el sistema occidental de doce tonos. Merced al cálculo factorial, la máquina poseía la habilidad de arrojar las combinaciones entre las doce notas y las siete medidas de tiempo.( redondas, blancas, negras, corcheas, etc.) 
Los filósofos del mundo se alzaron furiosos, argumentando que conocer la cifra atentaría contra a 1ibertad creativa. El museo estuvo a punto de desconectar la máquina, pero una cláusula contractual con el consorcio japonés SUSHUBA lo impidió. Desde Cambridge, Edington contraatacó: dijo que si la máquina reunía memoria equivalente a la suma de todos los discos rígidos de una ciudad del tamaño de Chicago, sería capaz de hallar hasta a mas absurda combinación musical. Vaticinó apocalípticamente que, de seguir reuniendo información al ritmo que lo hacia, la Trillón devoraría el patrimonio musical de toda la humanidad hasta la última nota en ...cinco años, a lo sumo. Más aún, podía incluso anunciar qué cantidad de combinaciones quedaban “en los tinteros” de los compositores. 
Las acciones de SUSHUBA, como es de suponer, salieron disparadas a las nubes del negocio bursátil. Para sostener esta popularidad, la misma empresa se encargó de proveer la memoria que la máquina requería para finalizar el calculo. Lo llamaron con actuada ingenuidad “una experiencia resonante”. 
Ese mismo año, el 24 de Mayo, una extraña leyenda violeta fulguró en las pantallas de la TRILLION: la cifra se había detenido. Esto significaba que, aún cuando más y más obras fueran creadas, la máquina las reconocía como anteriormente compuestas. O también, con simpatía, las rechazaba con el título de “Mosaico”, en alusión a que contenían dos o más fragmentos de viejas tonadas. Se desató así una singular cacería: ; un grupo de musicólogos restauró papiros del siglo V, encontrados en un monasterio del Tibet. Leídos por la máquina, la cifra. avanzó unos dígitos más. Desde las heladas planicies de Alaska, un coro de ancianos esquimales entonaron vía satélite siete cánticos ancestrales pan la TRILLON. El tercer cántico fue rechazado; la máquina lo reconoció como compuesto en 1318 por el trovador Giuseppe Raggi. 
La empresa SUSHUBA consiguió una síntesis mas poderosa del chip B-28, bautizado “B-28 Plus”, lo que acarreó una terrible consecuencia: la máquina anunció que solo quedaba UNA combinación posi1e, y luego la música, tal como se la conocía, llegaría a su fin. Los compositores del mundo se lanzaron en busca de esa rarísima combinación. Diariamente llegaban al museo registras de todas partes del globo, los que puntualmente eran desestimados por el sistema. 
Tres años mas tarde, con la introducción del chip “B-28 PLUS ULTRA”, la Trillón estuvo en condiciones de imprimir por sí misma la partitura restante en la música de toda la Historia de la humanidad. Conectada a un complejo de teclados, la computadora ejecutaría por sí misma la tonada.
Jean Michel Jarré, en un llamado desesperado a la solidaridad, solicitó ese día que lo desconectaran del respirador. Pero sus hijos se negaron.
En cada rincón del planeta, cada ser humano permaneció ese 21 de Noviembre absorto frente a algún medio de comunicación. 
La curiosidad inicial se fue trastocando en una extraña sensación de vació y angustia. 
La ejecución de la última canción posible duré seis minutos con dieciocho segundos de una frágil melodía para piano y violín.
Mientras los técnicos japoneses abordaban el avión de regreso a Osaka, esa madrugada, desde la soledad de las alturas, un hondo y persistente silencio se descolgó lentamente, mientras las estrellas se apagaban una a una...

                                                                              Andrés Mazzitelli



Cuadernos de Antonio (Andrés Mazzitelli) -Fragmento-



(Cuadernos de Antonio es un fragmento de la novela inédita "Películas y el más grande de los amores infieles")

Cuadernos de Antonio 2

El cine es la literatura masiva del siglo XX. Lo que fue el teatro para la Inglaterra de fines del siglo XIV y principios del XV, y la música entre el XVII y el XVIII, así de gravitante es esta maravilla que sintetiza casi todas las artes en una sola y colosal pantalla brillante. No es fácil por estos días dar con una persona que sea capaz de enunciarnos los títulos de diez libros que haya leído, incluyendo los que pudo oír de labios de sus padres cuando era un bebé y los manuales de la vídeo casetera y el micro-ondas. Sin embargo, diez títulos de películas los recuerda con holgura hasta mi hijo de siete años. Si uno repasa los argumentos de los filmes que abordan las problemáticas de pareja, hay un extraño denominador común: salvo raras excepciones, las películas más interesantes se centran en la mujer. Es decir, las dudas y dualidades de la naturaleza femenina resultan literal y cinematográficamente mas explotables que cuando el protagonista es un hombre. Miremos de nuevo “Casablanca”, de Michael Curtiz (1941).Una deslumbrante Ingrid Bergman se mete en la piel de Ilsa para tener en ascuas a todo el mundo. Creyó muerto a su marido, el políticamente correcto Víctor Lazlo, un impoluto héroe de la resistencia polaca. Por eso, ahogó sus penas de flamante viuda encendiendo un volcánico romance con Rick (Humprey Bogart), un aventurero yanqui duro y cínico, pero de buen corazón que conoce en la París PRE-invasión alemana. Cuando Lazlo resucita, ella planta a Rick en la estación de trenes y como Dios manda: bajo la lluvia. Rick, sin entender nada, parte a Nor-África con su leal pianista, Sam, a quien jamás dirá en todo el libreto esa línea que el mundo entero jura haber escuchado: “Tócala de nuevo, Sam”. Rick quedará destrozado, en parte porque no es lo mismo emigrar con el lustroso moreno que con la esbelta nórdica...
¿Por qué esta especie de culebrón hollywodense ha cautivado a siete generaciones de espectadores? La respuesta es que no es ningún culebrón, aunque en la superficie lo aparente. Los melodramas televisivos son extremadamente predecibles, porque todos los personajes actúan de acuerdo a estrictas normas de comportamiento: los buenos son muy buenos y los malos, muy malos. Eso es todo. Eso lo puede entender cualquiera, aunque saque la vista 35 veces de la pantalla para mirar la tabla de planchar. A menudo esa honorable mujer que plancha mientras contempla de reojo estos conflictos de la ficción mas elemental, llega a creer que existe tal cosa como los buenos muy buenos y los malos muy malos. En cambio, la vida real es muchísimo mas impredecible. En la vida real no es posible trazar una línea que divida de modo nítido al bueno del malo, excepto que hablemos de crímenes graves condenables por la ley. Y no me estoy refiriendo a la simplificación del “YING” y el “YANG”, que en mi opinión peca de autoindulgencia. Quiero decir que los seres reales, a menudo actúan de modo contrario a todo lo que pensaban hasta ese momento. No hablo de que una persona “buena” tenga un punto oscuro y una “mala” uno de claridad, mas allá de los lamentables y desafortunados ecos de segregación racial que despierta eso de que lo “negro” siempre es malo y lo “blanco”,siempre es bueno.
Todo aquello en lo que creímos ,PUEDE estar equivocado, en caso de que mantengamos una visión extremadamente estrecha del mundo nuestro y del de los demás. Siempre pienso que si Dios existe, debe sufrir muchísimo, a causa de su omnisapiencia. A veces intuyo los conflictos ocultos de los seres que me rodean. Claro que parece ser mejor quedarse con lo que se ve, que andar por ahí imaginando los infiernos de los demás, porque entonces todo se hace mas amable y cómodo. Me encanta la comodidad y adoro la amabilidad de algún momento, pero prefiero saber a ignorar. Duermo demasiado ya por las noches como para seguir con los ojos cerrados durante el día. Prefiero ser el primero en sufrir que el último en enterarme. No significa esto que uno se deje inundar por un relativismo salvaje en el que descrea de casi todo. Sólo que, a la hora de construir un buen cimiento para un edificio, es bueno saber si el subsuelo es de arena o si la zona es sísmica.
Pero, volviendo a “Casablanca”, ¿A quién ama Ilsa en realidad? Este colosal secreto permaneció velado incluso hasta para los hermanos Epstein, los guionistas de la película. El personaje de Ilsa traspasa la acotada zona de la ficción para volverse casi humano en sus ambigüedades y claroscuros. Mi opinión es que la aprobación alegre y licenciosa de esos vaivenes puede resultar destructiva para una persona. Pero el aceptar que son inherentes a nuestra naturaleza ayuda a paliar la culpa y el auto-enjuiciamiento del que con frecuencia somos víctimas y verdugos. Nadie en “Casablanca” tiene demasiadas dudas. Lazlo quiere huir de los nazis con su mujer a América. Rick quiere huir de los nazis con... la mujer de Lazlo. El general nazi quiere molestar durante toda la trama y si es posible, fusilar a alguno de los protagonistas.. Sam quiere tocar el piano toda la noche... Solo la pobre y desamparada Ilsa está sola con sus secretos y sus inescrutables dudas. Aún cuando tome finalmente una decisión, nos dejará a todos con la sensación de que no está nada resuelto y que los ríos subterráneos siguen fluyendo desbocados. Si no está bien que se suba al avión y lo deje a Rick, tampoco está bien que se quede con Rick y rechace al honorable Lazlo... ¿Qué es lo que está bien, entonces? El afiche lo explica todo. Ingrid y Humprey en primer plano, juntando sus mejillas. No hay señales de Lazlo ni del General nazi. Mucho menos de Sam. La verdad oculta entre líneas es que el verdadero gran amor es el de la portada de la película. Una vez mas, el espectador asistió a un duelo que conoce bien: el deseo enfrentado al deber.

Ahora bien, ¿Puede alguien que se entrega a un tórrido romance retomar luego con éxito una relación previa? Aquí quisiera señalar que existen diferencias entre el hombre y la mujer. El hombre parece ser mas permeable a estas idas y venidas. Y no es un argumento de cerdo machista. Las naturalezas femenina y masculina ejercitan el amor de maneras muy distintas. La mujer ama con EL ALMA. El hombre, con EL ALMANAQUE. La mujer experimenta su existencia a través de cosas insignificantes y maravillosas, tales como una flor, una melodía dulce o el berrido de un bebe. El hombre es una olorosa máquina capaz de destapar otra cerveza, encender el televisor y quedar absorto en un match de tenis entre un rumano y un soviético cuyos nombres jamás escuchó, todo esto a la una y media de la mañana y después de hacer el amor. La mujer clavará la mirada en la oscuridad del espacio nocturno sobre su cama, soltará un suspiro y pensará “Tengo que cambiar EL AMOR...” Al unísono, y reprimiendo con esfuerzo un eructo, el hombre pensará “Tengo que cambiar EL AMORTIGUADOR DEL AUTO.” Así de distantes pueden llegar a ser estos dos sexos que tanto se necesitan.
Por eso, a la hora de experimentar pasiones paralelas, la mujer es mucho mas vulnerable que el hombre. Además, la mujer es cuenco: recibe, es colmada. En cambio el hombre es el intruso, la visita. La mujer es lo cóncavo y el hombre lo convexo. La mujer, hacia adentro. El hombre, hacia fuera. La mujer acoge, contiene. El hombre es el agua que se derrama. Está claro que es mas sencillo ser la VISITA, que ser VISITADO. Cuando uno es VISITA, maneja a su antojo los tiempos. Puede decidir en cualquier instante que la reunión terminó y partir sin mas explicaciones. En cambio cuando se es VISITADO uno corre otros riesgos. Por eso es que solemos invitar a nuestras casas solo a aquellas visitas que con un 90 % de probabilidad nos harán sentir al menos confortables. Hay mucha mas entrega en quien recibe que en quien es recibido. La mujer que consiente compartir su erotismo y su sensualidad con una persona con la que previamente ha trazado un vínculo afectivo, difícilmente pueda retornar al punto de partida sin sentir que ya no encaja en el antiguo molde. Es más, este nuevo camino se constituye con frecuencia en la aplanadora que rueda impiadosa sobre la foto de bodas y las promesas de allá lejos y hace tiempo. Cuando una mujer se aventura a cruzar estas fronteras, no sabe con certeza qué es lo que ha comenzado. Pero intuye, sin ninguna duda, lo que definitivamente ha terminado...

Andrés Mazzitelli

La mosca y la araña -texto-


“La mosca y la araña” (Andrés Mazzitelli)

Observo cómo la mosca cae enredada en la trampa de seda de la araña. Desde esta distancia, el pequeño drama me contamina de pronto con vagos devaneos acerca de la divinidad:
Debo interceder por la libertad de la mosca?
Debo abstenerme de intervenir por el hambre de la araña?
O debo más bien observar impávido, indiferente a conceptos universales tales como La Libertad o El Hambre, y dejar que el destino, improbable tercer observador en discordia, me exima de la responsabilidad de hacer algo a respecto, me quite el inmenso peso de decidir acerca de una circunstancia tan trágica como la vida o la muerte de otro ser vivo.
La pregunta que nos quitó, nos quita o nos quitará el sueño de manera ineludible a todos, en algún momento de nuestra existencia:
“Qué voy a hacer?”

Haga lo que haga, siempre es bueno recordar que yo también soy mosca. Y también araña...


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